Demoeconomicus
Una de las características más salientable del liberalismo es su visión del hombre. Destaca de forma clara la buena fe atribuida al individuo por esta filosofía de vida, y por ello la buena fe que necesariamente debe derivarse en las relaciones que se establezcan entre estos.
Consecuencia de ello y en oposición directa, diversas doctrinas presumen lo contrario, se presume la inocencia y no la culpabilidad. Las sociedades occidentales tienen un aire liberal en referencia solamente a las libertades civiles.
En esta crisis hemos empezado (algunos) ha escuchar palabras que en la vida habríamos escuchado. Y además pudimos observar los chanchullos y cloacas del sistema monetario, financiero y político. Hemos percibido la pintura comunista que invade diversos organismos de planificación (o en su forma políticamente correcta de regulación, en la versión liberal sería supervisión).
Hemos aprendido sobre las comunas y desfalcos, siempre las pagan los mismos a través de deuda y/o impuestos. Es decir, sacrificando rendimientos futuros de gente normal como usted o como yo para sanear desfalcos parasitarios de un sistema capitalista asimétrico. En el cual los que anteayer disfrutaban de sus beneficios, hoy socializaban las pérdidas.
De hecho, este capitalismo asimétrico (los partidarios de la planificación a través de los impuestos) y los comunistas no distan mucho en sus ideas. De hecho, aunque parezcan muy dispares son muy similares en su funcionamiento e incluso ideología de base (fundamentos de derecho natural).
En esta coyuntura de supuesta hecatombe se ha formado el caldo perfecto para los capitalistas asimétricos (la propiedad otorga los derechos), al igual que los marxistas (los derechos otorgan la propiedad) han tirado de sacrificio ajeno por el bien de todos (de ellos mismos). Nos encontramos pues en una encrucijada un tanto extraña, donde, la gente ignorante de los manejos de la burocracia, es domeñada cual boletín informativo de Alicia en el país de las maravillas.
Cabría preguntarse por el ensayo continuo de soluciones intervencionistas, echándole posteriormente la culpa al mercado. Cabría preguntarse por las regulaciones asfixiantes que apenas permiten vivir dentro de la legalidad. Quizás por el afán recaudatorio, ciudadanía con teñido de insufrible. En esta y otras democracias parecemos caminar hacia el legado comunista, donde no importa que se hace sino quien lo hacía; lo cual es similar a: no importa la realidad sino quien la cuenta. Condiciones que subyugan el espíritu emprendedor y la capacidad de libertad; por lo tanto el progreso.
Caminando vamos pues a un espectáculo donde alguien debe notificar el cambio de una bombilla, otro certificar la bombilla adecuada, otro más certificar la adecuación del cambiador de bombillas, …,unos cuantos más y por fin el sufrido operario cambia la bombilla, no sin antes haber pagado la cuota revolucionaria (mantener a los burócratas).
Desde luego, bajo ningún concepto podrán tapar lo obvio, el mercado es la democracia en sí mismo. Los impuestos que deberían ser cuotas una manera artera de cambiar el dinero de manos a gusto del gobernante (o sea para ellos, sus allegados, defensores, ideólogos, etc).
Podemos observar como con mi dinero (y su dinero) subvencionan a través de los impuestos la compra de máquinas, máquinas que vendo. Pero por alguna razón que desconozco los impuestos que pago sirven para hundirme en la miseria, pues me ponen en desventaja competitiva con las “amigas entidades”, las cuales por alguna razón venden en exclusiva el material subvencionado. ¿ el mercado es el enemigo? No, el gobernante es el enemigo. Vemos pues, en este ejemplo como el Estado se convierte en enemigo claro, pues aparte de quitarme mis impuestos (con coacción y violencia), pagan a la competencia, con lo cual, como es evidente los no allegados empresarios de cabeza al pozo.
No nos debería extrañar, las empresas triunfadoras en este pseudo-mercado puedan tener una moral distraída, contrariamente a lo que pudiese parecer por la una supuesta “planificación responsable”.
Alejados de la plaga burocrática, la cual suele excusarse en la seguridad, lo social, un supuesto orden natural o millón de estupideces similares asistimos atónitos a la eliminación sistemática de la libertad de empresa (no en su creación sino en su funcionamiento cotidiano) , circulación de capitales y servicios de lo más diverso. Transporte, energía, …, hasta la mas nimia actividad económica requiere de una licencia. Licencia la cual bajo desconocidas justificaciones operativas, estos apestosos escorpiones suben el precio, mientras a su vez constriñen artificialmente la oferta (ejemplo tarjeta de transporte, taxis,…).
¿Mercado donde?
Frente a ello, los medios de comunicación más generalistas parecen ya no ser prisma de la realidad, sino parte activa del redil que adocena la gente en la mentira.
Justificaciones y regulaciones las cuales han agravado enormemente el espejismo (por ejemplo, la apropiación indebida por parte de los bancos de los depósitos a la vista, técnicamente es un robo-estafa permitido por el estado. Este mismo problema lo utilizaron los intervencionistas para extorsionar-justificar la extracción de impuestos).
Estado, ni Dios, ni sabio, al frente del cual una aristocracia burocrática disfruta de la estulticia genérica y general de la ignorada realidad de Estado real, todos nosotros. ¿Estado? Más bien gobierno.
En este “libre mercado” en precario, como cabría esperar al estilo comunista los amiguetes acaparan subvenciones jugosas o raros usufructos anexos. Sangrando a la población la libertad y los capitales libres para inversión.
Pero alejado de todo eso se percibe claramente, cada acto de mercado es un acto de democracia. Cada vez que se compra, selecciona, financia, pide, consume se está ejerciendo el poder. El poder de elegir un tipo de sociedad, una la cual oferte más y mejores servicios que sirvan al ciudadano.
Subvencionando una película la cual nadie paga por ver (aunque la pague en impuestos), cada vez que se le dice a ala gente lo que interesa. Se está atacando la democracia, sutilmente, amparándose en retórica barata para adolescentes permanentes. En ello, se cuidan mucho los políticos en “representar” al pueblo, a esa cosa mayestática, divina y no definida. Esgrimen los votos, …, no se cuántos millones. No obstante, no les tiembla el pulso al contradecir clara y tajantemente un referendo de ese pueblo el cual dicen representar. Cuando, a través de los intereses de cada día y alejados de las escenas de propaganda dicen NO a un producto o servicio. Orientando en ello, al más estilo totalitario la idea de humanidad.
Es un ataque claro a la libertad, derecho natural a la diferencia, dignidad personal y humana.
El hombre, esa cosa intelectualmente dispersa, el cual los totalitarios de la planificación homogeneizan y disecan en pro de sus intereses (usted trabaje para ellos y sus satélites).
Que no le engañen, el mercado no es enemigo de la democracia. Al contrario, es el más común acto de democracia y libertad.
— República, libertad y paz —